Aplec

Los primeros pasos ya aventuran temperaturas agradables. Después de un tiempo encerrado por el frío y paranoias, lógico una salida en desbandada. Los meteorólogos, esos dioses de la previsión, han dado la confianza suficiente como para escampar. El lado norte de la sierra de Collserola atesora calor para hacer una caminata en óptimas condiciones, sin complicaciones técnicas, para ir abriendo boca con lo que vendrá. Las calles de la población son señoriales… Casas y edificios deben pagar una contribución de órdago. Qué diferencia de comarcas. Y a un solo paso a golpe de metropolitano integrado. ( http://www.lavanguardia.com/local/valles-occidental/20130301/54367891628/sant-cugat-sant-medir.html )

Photo_F5AC0592-0631-91E1-867B-D041D740F679Voy sorteando a unos y otros, dejando atrás un soberbio pino tricentenario. Se respira poderío económico y conversaciones que no hacen entrever una crisis de lo que vivimos. Internacionalización del transeúnte afincado en zona bien. Lo digo por que San Emetério, mártir, ha concentrado en esta romería a diestro y siniestro de una clase social para la hora que es. Algún dominguero espolvorea, pero los chandals de marca recién sacado del armario o la lavadora, el castellanismo más burgués para la tierra que no se correspondería y los carritos para el retoño que debe de acostumbrarse, inunda un recorrido salpicado de proyectos de boquilla, reuniones improvisadas de vecinos de alcurnia vestidos a lo teniente mandioca y ungulados que llevan a su señor; todo en uno en recorrido facilón. Las mascotas, otro tanto. Más bien los arrastran, pobres. También runnings esquivando en su carrera, bicicleros empecinados en el más difícil todavía que espantan, con sus velocidades “no va más”, al cruzarse con tranquilos paseantes. Can Borrell, masía construida entre los siglos XVII y XVIII, sin embargo, a tope para consumir colesterol. De lejos ya se huele el asado. Protección Civil controla el que nadie se desmande fuera de su jurisdicción. Todo ello en medio de una boscosidad esplendorosa, ondulantemente frondosa y de un verde que quiere lucirse después de la bajada del mercurio.

Photo_747F948C-8D69-A4AE-75B5-C1212038FFA2Asiduidad y tumulto. El santoral llama de lo lindo a profesar la costumbre. Se prepara la liturgia, no sin antes la visita obligada a la ermita románica. Descienden, asimismo, los que ya madrugaron.
La plaza está llena. Se llama del Milagro. Alrededores del espacio religioso infestados. ¡Quién lo iba a imaginar! Los nacionalistas hacen su agosto vendiendo ideología. La característica habichuela, símbolo de esta celebración, se vende como rosquillas. Los caballos, sus abanderados, tamborileros y danzantes, hacen su aparición como séquito que se precia. Llego en el momento clave. Algún caramelo me cae.
Unas garrapiñadas me sacian. Tras un breve, abandono el mundanal ruido de concentración campestre, dejando al oficiante con sotana proclamar sus verdades. Hay que ver el mar desde lo alto del monte. Ya no hay escándalo. Solitaria ascensión. Supongo que entre confesiones, fiesta y gastronomía, el personal se sedentariza. Obliga el mediodía.

Photo_814A76A1-0614-A635-0968-5A40ED0D840BAlternancia de pista con asfalto muy desgastado en este tramo. Los guardas del parque me aconsejaron precaución por la llegada de vehículos por este itinerario sur. Es cierto, donde llega un cuatro ruedas de alta gama… Serán los retrasados que no quieren perderse la gloria.
Serpenteo hasta Vista Rica, casa parroquial, abandonando Font Groga, entre, increíble, encinas y magnolias. Reserva Natural parcial. Los riachuelos hacen correr líquido pendiente abajo, supongo con dirección al pantano. Empieza a notarse el viento del collado. A lo lejos, la silueta del Tibidavo. Me detengo frente a la visión de lo que fue una casa señorial con historia espeluznante, justo en una de las más famosas curvas de la carretera de la Arrabassada. Comparto datos con un policía local sobre las excelencias que hubo en estas residencias solariegas a finales del siglo XIX. Etnología pura y tristeza actual. Todo pasa.
Ultimos pasos hacía la balconada que da una visión de la gran ciudad; detrás, el templo.
“Te daré”.

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