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Almadén (Ciudad Real), 1965. El parque Julián Lozano, junto a la salida del pueblo, padece la torridez del clásico verano manchego. El sol cae a plomo sobre un terreno discretamente ajardinado, sobrio y arbolado, junto a la carretera que dirige hacia la capital de la provincia, haciendo que la temperatura del mediodía agobie a cualquier transeúnte que se desplace por sus calles. Las chicharras acompañan con sus cantos el intenso calor que se respira.

Rosa exhibe su segundo embarazo con la tranquilidad y el sosiego de saberse bien acogida en casa de sus suegros y a la vista de su primer hijo de cinco años. Un feliz paseo, inmerso en ese bochorno canicular que se extiende por este espacio al uso por el desarrollismo de la época, y que configura ya el futuro urbanístico del municipio. Su marido ha tenido que continuar con las tareas laborales pertinentes al otro extremo del país, desplazando su familia al hogar paterno por unas semanas. Aficionado desde su juventud, el padre comparte una cámara fotográfica con su esposa, para que relate las vivencias familiares con todo lujo de detalle, constatando fielmente ese disfrute veraniego.

Con poca edad, el primogénito, protegido con un sombrero de paja regalado por su previsor abuelo, no sabe cómo funciona una WESA-I, pero se afana en comprender las explicaciones que su madre le da respecto del artefacto, cuya mecánica provoca curiosidad y emoción. Anteriormente, ha hecho ademán de imitar la acción que aquella ha proyectado sobre él, haciéndole protagonista orgulloso en blanco y negro de la emulsión que traducirá el papel cuché más tarde. El niño intuye la importancia de esta “máquina”, cuyo interior conservará las vivencias de un mágico momento. Es la primera vez que entra en contacto con un artilugio de este tipo y lo maneja con cuidado, temiendo, quizás, la reprimenda de sus mayores en caso de deterioro.

Maravillado, capta con otra instantánea el avanzado estado de gestación de su madre. Pronto serán uno más en la familia.

 …

Sant Boi de Llobregat (Barcelona), primavera del 2013. La WESA-I, cuya baquelita se conserva intacta y sus mecanismos podrían desarrollar algún trabajo más, descansa en una estantería cubierta de polvo, con la satisfacción de que su operatividad ha servido para que la vida haya sido generosa en plasmar instantes lo suficientemente largos, satisfaciendo así los recuerdos de propios y extraños. La tecnología actual la substituyó por otros modelos y prestaciones, pero no así la motivación, intacta hasta la fecha.

Hay un componente menos en aquel grupo familiar, pero su presencia perdura en la memoria como si no hubiera pasado el tiempo, y la recreación de la escena transcurra igual de placentera que entonces.

El parque sigue ocupando el lugar de siempre.

Ver, asimismo: http://www.monografias.com/trabajos-pdf5/mi-movilidad/mi-movilidad.shtml

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