Tale

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El hombre ojeaba despreocupado la prensa del día en la mesa exterior de un bar, ubicado en lo más intrincado de unas calles apenas frecuentadas por la muchedumbre. Un feliz sosiego se respiraba en ese minúsculo espacio urbano catalogado de histórico. El mundanal ruido quedaba lejos.

Debía tomar su medicación y la excusa de un descafeinado le ayudaría. Por supuesto, sin azúcar. Una ligera brisa le impulsaba a subirse el cuello de la chaqueta tres cuartos, aunque la tarde era agradable y el sol todavía se dejaba sentir. Otoño extraño. El devenir de la vida le había dado un vuelco notable a su rutina. Sin perder costumbre, paseaba, despacio, un cierto tiempo después de la ingesta del mediodía. El puntual y prescriptible descanso lo acompañaría una taza hasta la continuación del trayecto.

_¡Hola!_ La lectura fue súbitamente interrumpida.

Volvió la vista para mirar. Frente a él, una mujer le observaba, expectante.

Al principio dudó un segundo, pero no se alteró; su corazón no se lo podía permitir. Respondió lo más amablemente que pudo, aunque su mente le llevó a otras épocas.

_¿Qué tal?_respondió sin emoción.

Ella inquirió.

_¡Qué sorpresa!_ se apresuró a decir.

_¿Perdón?

_¡Cuanto tiempo!

_¿Eh? Cuanto tiempo, ¿de qué?

_Eres Luis, ¿no?

_Sí. Pero,¿soy el Luis que tú crees? Hay muchos.

_¡Te dedicabas a la industria gráfica!_dijo ella._ ¿Sigues en ello? ¿Me puedo sentar?_prosiguió con familiaridad.

_Primero dime de qué Luis hablamos y saldremos de dudas.

_Nos conocimos hace años en el sector.

_¿…?

_Eras una persona jovial, con muchas ideas, emprendedora…

_¿Sí?¡Caramba! No sabía que…

_Viajabas mucho…_continuó.

_¿Estás segura que soy esa persona?_dijo él, perplejo.

_Te he reconocido al doblar la esquina,_apuntó_ y he querido saludarte. Sin preámbulos.

_Dime más cosas de ese Luis. Estoy curioso_ironizó él.

_No sé, ahora mismo… Eras una persona muy sincera, recuerdo.

_¿Conoces verdaderamente a ese Luis o es lo que tú crees conocer que era?

_¡Luis, por favor! ¿No sabes quien soy?_dijo, al fin, cambiando el semblante, contrariada.

_Por la descripción que haces dudo del porqué nos debemos conocer; y al abordarme así…¿Os habéis tratado mucho?. Se habla de los amigos si se ha convivido, se han vinculado de algún modo, han coincidido en temas afines, si se mantiene la fluidez en la relación. ¿Hace tiempo que no os veis?

_La verdad, mucho_contestó ella, lacónica.

_¿No crees que las cosas pueden haber cambiado? Incluso físicamente. Es como si no hubieran transcurrido los años para ti en relación al susodicho. Si conservas las amistades, con una sonrisa, basta. Significa que ese tiempo no ha pasado al cruzarse la miradas. Los recuerdos perviven y, si fueron buenos o malos, afloran al enseñar la dentadura, y el casual encuentro se funde en un abrazo. Pero en ti y en mi no ha ocurrido esa circunstancia.

_Luis, soy Marta. Me dedico al diseño industrial desde hace años_ seguía de pie y un poco enojada.

_¿Y?¿Ello me obliga a reconocerte?

_No, desde luego_Respondió ofendida. Cierta tirantez surgía entre ambos._Disculpa si te he molestado_ dijo tajante._Buena suerte.

Y se alejó de la mesa, tal como había venido. Discretamente. Su cadencioso paso se perdió entre algunos transeúntes que deambulaban por el entorno.

Él pensó en la casualidad. Ésta no hace amigos, concluyó. Recordó, ahora sí, cuando se conocieron. Vagamente.

También fue casualidad.

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