Test

Una pareja cuchichea por la calle a la vez que pasean mascota, únicos a unas horas en que cualquier ventosidad provocaría un escándalo. Sonoro.
Hay amigos cuyas motivaciones son particulares; hay que levantarse temprano si las sigues. La afición mueve a la montaña. Compacto grupo de hombres soñolientos para una gesta de casi tres mil metros. No es mi caso.

Photo_1526B2F3-7991-6DE3-3F85-23CD1B09A4FAHace dos meses, día mas o menos. He observado conducta monacal, rigurosa, no he faltado al respeto facultativo, reconociendo no haberme salido de la norma prescrita. Vivo empastillado hasta que el matasanos diga, por decirlo de alguna manera. Asimismo, vegetariano, aunque la ideologización no ha llegado a cuajar; tampoco el naturópata lo ha conseguido. Veremos qué resulta de la presente jornada, modesta y sin riesgos. Un itinerario de otro calibre que ya pisé hace mucho tiempo. Nietzsche tenía razón: “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño”.

Photo_C2D667EE-A075-34DB-DD67-7539DC441D0AZona idílica. Paraíso de micólogos, que no masifican. Quiero alejar mis síndromes en este recorrido. Luminosidad que engrandece la orografía del valle del río Segadell.
El café de la mañana nos ha dividido desde el bar. El grupo salvaje asaltará la cima por el camino de Fontalba, vía Santuario de Nuria.
Al tiempo que relato, no recordaba tan corto el trayecto. Según podómetro, mantengo ritmo y paso. Me recreo con las escenas: ferrocarril de vía estrecha…, claroscuros en las arboledas…, el espacio donde vivaqueábamos… Ampliada la carretera en la que hace años acompañaba púberes con afán aventurero.
Desde el mirador de Pardines (http://www.vallderibes.cat/) todavía se oyen los cencerros de los rumiantes. Ruta muy transitada en la actualidad, pero misma atmósfera de otras fechas.
Lo que hubiera dado por encontrar unos descansillos como éste hace 60 y pocos días .

Photo_879B9ACF-4255-3D68-DB77-FD257C6D4148Sustancialmente, una mejora al entrar en el pueblo: hay transporte regular de autobús. Me rompen la nostalgia. Nicolás es rumano y realiza el servicio dos veces al día. Sin embargo, parece como si no haya transcurrido el tiempo en este reducido entorno urbano:  la casa y barrio de la entrada, que vi construir en sucesivas fases, la fuente de Can Ferrer…, pasadizos entre laberínticas calles de arquitectura románica… Voy directamente al lugar donde asentábamos la lona, allá por el año ¿77?… ¡Menuda tormenta! Tembló todo el valle, teniéndonos que refugiar en el pajar. El mejor lugar es el balcón que da al mismo: un remanso, con sus terrazas ajardinadas que cuelgan al vacío, orientadas hacia la cima del Taga, punto culminante de esta sierra. El sol se empeña en hacer espléndido el momento.

Photo_E65937C1-C6FD-3A6F-9BB5-33666E9CE8CCAl cabo de un tiempo, y después de patear la vecindad circundante, tomo un tentempié donde se acostumbra, Can Serra, hoy ampliado como hotel rural, sabiendo hacer permanecer su esencia desde antaño. Un distinguido can sigue apostado en su puerta. Ni se inmutaba cuando cachorro ni lo hace ahora. ¿Vida de perros? Que se lo pregunten…

Respiraré un poco más de este universo e iniciaré retorno por otro camino más ruralizado. Mi corazón está tranquilo. No está mal el desnivel y la altura alcanzada. Creo que voy recuperando.

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