Staré Mesto (Ciudad Vieja)

El entusiasmo que demuestra Mónica respecto a su ilusión de visitar la patria de Kafka no tiene parangón. En el mismo aeropuerto lo reitera: lleva años soñando con pasearse por allí. Está “excited“. Será la Luna, que comienza a menguar en esta mañana.

Se me cierran los ojos. Hace días que me faltan horas. Me dedico a la electrónica: casi llego a los cinco mil puntos. Debe ser la velocidad de crucero. Unas pocas parejas organizan su particular pic-nic. Cierto aroma alimentario se respira en cabina, no sabiendo distinguir el sabor concreto del embutido. Morro le ponen. Menos mal que las bebidas son aéreas. Las féminas opinan sobre la calidad del pan comprado a los chinos del barrio.
Viramos para el descenso.

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Verdes y ondulados prados te reciben. Un shuttle bus nos deja en el centro de la ciudad.
Literalmente, me he salido del mapa… Mi guarida para estos días está mas allá del meandro del Moldava… Una especie de piramidón reconvertido en hostal, actualmente albergue ( http://www.aohostels.com ), que vete tú a saber qué funciones tendría en la época de la Guerra Fría, quien viviría y cuál era su quehacer diario… Habitabilidad y distribución extraña en las plantas ( tiene 14 ). Recuerdo el film “La vida de los otros…” Pero tiene unas estupendas vistas y una recepción muy diáfana, sospechosamente fabril. ¿Qué empresa afín al régimen comunista desarrollaba sus objetivos en este nido? Un montacargas delata el pasado acontecido de la época. Sin embargo, es acogedor y dispone de todos los servicios para recibir a visitantes, sean de postín o mochileros. Ambiente muy distendido y juvenil. Habitación para compartir.
Antes, hemos dejado bártulos en alojamiento de otro nivel con bañera sugerente, y conocido la neuralgia urbana, remojando gaznate con la clásica Pivo y llenando el estómago. Otra vez “kartofen” ( zapecène brâmbory ), pero con verdura y pollo. Creo que el tiempo nos aguará la fiesta, pues los goterones son gruesos. Viento frío y bruma espesa.
Otra de las maravillas es el transporte suburbano. El metropolitano dispone de 3 líneas rápidas que cruzan la ciudad. Eficientes, profundas ( el desnivel que salva el pasajero para acceder a los andenes es notable ), te llevan por toda la capital, sin interrupciones. Atestadas. Estás muy cerca de todo lo atractivo por pocos euros. La tarifa integrada vale poco, en comparación con otros “módicos” precios conocidos. Mónica no esperaba esta climatología; nos anima a todos, pese a lo desfavorable.

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Resignados la seguimos; su dudosa orientación no convence. Tranvías nos desplazan por la parte oriental y conocemos el clima lluvioso de una ciudad dinámica, populosa, con extensos parques y un caudaloso y frecuentado río, eje principal de la vida praguense. Se alternan barrios de moda con distritos más modestos, de fachadas un tanto desvencijadas. Se constata la historicidad de la urbe, con señoriales edificios y torres almenadas de porte regio. Estas últimas reflejan, con su color negro-parduzco, esa antigüedad que atesoran las crónicas ancestrales del reino de Bohemia. Haber si hay suerte con las sinagogas, aunque temo que, siendo sábado, no la tendremos de cara.
Tengo los pies chopos. Decidimos unos famosos y renombrados dulces con capuchino, exquisitos en establecimiento de categoría ( http://www.cantinetta.cz ). No vestimos para la ocasión, reconozco, pero ha valido la pena el estatus alcanzado. La nota nos ha sorprendido.

A ver qué marca el reloj…

Aparaguados, numerosos grupos se agolpan esperando el sonido que marca cada hora de un artilugio creado en el siglo XV, uno de los atractivos de esta ciudad. Profusamente ornamentado, el astronómico reloj preside una fachada gótica ya acostumbrada a la contemplación. Figuras humanoides metaforean con la muerte, la avaricia y la vanidad, observando, desde su altura, a transeúntes concentrados y ensimismados a sus pies, soportando, como en este caso, las inclemencias del tiempo.

Dejo al resto con sus aficiones comerciales. Debo cambiarme de calcetines…

¡Sorpresa! Un joven teutón compartirá sueños conmigo. De Múnich, estudiante, también es su primera vez. Final de la Liga en Germania. Levandovski le está complicando el match a Pep; no puede el Bayern…

El germánico no se inmuta a las siete de la mañana. Desayuno consistente y bien dispuesto. Eran los comedores de una fábrica y algo queda en cuanto a disposición y servicio.
El albergue esta situado en la periféria. Barrio obrero, ordenado urbanisticamente según preceptos socialistas. En uno de sus cuidados jardines aparece una liebre de lo más tranquila… Digo yo que en mi tierra ya estaría en la cazuela.
A ver si se ha despertado la banda… Creo que se aguantará el día, aunque de color gris.

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Optamos por el sector judáico como centro de interés. Aglomeración ansiosa y presurosa. Itinerario marcado con estricto orden, de lo contrario un enorme caos. Visitantes por doquier. Impresionante cementerio, sobre todo por la concentración desordenada y aleatoria de lápidas, de todo tipo de medida y formas, alguna, dicen, de 1430. Vuelve a llover. Tranvía a los palacios. Antes de tomar la sopa tradicional checa, un paseo por los Jardines Reales, joya renacentista.
Justo al lado un ejemplo de transformación en positivo: de cuartel militar a restaurante de cocina tradicional ( http://www.lvidvur.cz/cz/index.php ), para saborear lo exquisito a un equilibrado precio.
Vidrieras de la catedral muy coloristas. Toda una lección de esmero. San Vito se sitúa en lo más alto de las colinas que dominan la capital de esta república.
A las puertas de uno de los palacios adyacentes, un cambio de guardia. Discretos. Por lo que he visto en otras ocasiones, no se lucen. Decido deambular suelto y me alejo del grupo. Hay un edificio muy característico cercano a uno del los puentes que enlazan la ciudad: la Casa Danzante.

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Dicen que muchos estudiantes de arquitectura pasan por este lugar para tomar notas… ¿Innovación, ruptura, modernidad? Es curioso; las estructuras se abrazan. Nos reunimos, más tarde, para una cafetería y vainilla caliente, después de degustar el famoso puente, peatonalizado y dicharachero, de Carlos IV, emblema de Praga. He acariciado al perro de la estatua de San Juan Nepomuceno, párroco y mártir al que lanzaron a las aguas… ¿Quiere decir que volveré? ¿O dejo sentada mi fidelidad?Todo el día al fresco deja huella.

Toca retirada al cubil. Vuelvo a ver a la liebre que campa a sus anchas por los jardines. Es su palacio.

Un tercer durmiente se aloja con nosotros…

Ronca en estos momentos. Imposible conciliar. Creo que lleva una menopea de tres pares. El aliento que despide ha sobrecargado el ambiente.

Último acto: he solicitado cambiar de habitación. Dos estancias al lado del montacargas… Dudo que el muniqués duerma esta noche.

El zafarrancho nocturno me llevó a dormir con una dama, adolescente con una costumbre muy particular: la ventana hacia la calle, permanentemente abierta. Negociamos; le dije que el ruido no me permite dormir ( aparte del frío ). Se avino a razones… Es lo que tiene lo comunitario.
Desayuno invadido por teutones, estudiantes comedidos ( chicas a un lado, chicos a otro ) y sus respectivos profes, supongo de visita didáctica.
Mi compañera ya ha despertado. Se acicala y se pone un calcetín de cada color. Vuelve a la cama. Radiante día.

Me encamino al encuentro con el resto del equipo. No me lavo ni la cara… Alucinan con mi historia. Iniciamos periplo a pie hacia la plaza Wenceslao. Mónica sigue pegada al mapa… Animación en las calles, sobradas de gente. Parece mentira que por estos lares se instalara la ignominia y el desprecio aquel fatídico año. Sol y vaporosas vestimentas. Mucha barbi estilizada y variopintas indumentarias en ellos… Algún homeless, pero pocos pedigüeños. Gente muy ordenada. Finura en las facciones de los paseantes y disfrute del astro rey… ¿Se trabaja hoy? No tengo esa sensación. La pirámide poblacional es demográficamente joven.

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Con la mosca tras la oreja, Mónica no sabe donde va; quizás la culpa es nuestra, pues le hemos dejado hacer… Obsesionada con seguir un recorrido, no se deja llevar por la esencia de lo que se encuentra. No considero que deba continuar con ellos. Los demás parecen cansados, deambulando sin rumbo. No protestan… Me voy a ver a Kafka y su café.
Milena es el nombre. Francisco no fue correspondido en sus amores, arrastrando su desasosiego por este barrio y, tal vez, derivando en algunas de sus obras el espíritu que hoy conocemos… Bar con terraza sin personalismos, pero con innumerables fotografías del autor y otros objetos. Relojes de cuco… El tiempo…, ese factor que tanto le perturbaba. Un helado para combatir el calor.
Me pierdo con la muchedumbre y, en uno de esos pasajes laberínticos cercanos al Museo de la Tortura, encuentro un establecimiento discreto, austero, minimalista, con tres ocupantes que consumen tranquilamente, sin inmutarse ante mi presencia… Se respiran esencias gastronómicas afines a la cocina del país…

Prosím, té verde!

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