Cuestiones varias

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Les preguntaría a unos pocos si tienen claro lo que es hacer política hacia y por la ciudadanía… Da igual el color, si lo que no hay es aplomo para una gestión adecuada, pues sólo se preocupan del pedestal al que están encaramados o pretenden.

A otros muchos si, delegando su responsabilidad, creen que van a solucionar sus aspiraciones personales en pos de unos ideales ya descontextualizados… Demuestran un infantilismo tan falaz como en la época de sus ancestros, pues aquellos y, consecuentemente sus herederos, son los que siguen construyendo pedestales para que otros se suban.

A unos cuantos, si les va a durar mucho su erótica de poder y apetencias no satisfechas… Parece que no les han educado en el saber estar consigo mismos, convirtiéndose en los que allanan el terreno, permitiendo subir a los pedestales.

En una distópica esfera que, por cuestiones sociales, observa una deriva en formas y modos de proceder correctamente y sólo importa una lucha enconada entre antiguas formas de relación, de política, comerciales y nuevas entelequias que no se creen ni los nuevos ases de la ingeniería empresarial _jóvenes y sobradamente preparados_ pero educados en los viejos regímenes que nos han traído hasta aquí, rindo homenaje a un cánido que ha tenido la facultad o la desgracia de saber estar _ o no…_ en el lugar apropiado y el momento preciso, evidenciando con su eliminación la hecatombe irracional que todos profesamos por la inercia que sopla dentro de este templo. Irónico nombre. Su acero sirvió para que un legendario grupo afirmase hace siglos, solemnemente, en una mesa redonda, aquello de “…que el supremo nos conceda la sabiduría para descubrir lo correcto, la voluntad para elegirlo y la fuerza para hacer que perdure…” Me preocupan los cabreados, por que sus expectativas no son las que esperaban y quieren cambiar lo que sea con tal de que no sea como hasta ahora. Me preocupan los que siguen la moda, porque no se han parado a pensar, ni (se) plantean nada nuevo. Me preocupan los folklóricos, porque son tan felices que no tienen en cuenta quien les acompaña en su devenir cotidiano.

¡Viva Excalibur!, que fue ninguneado por todos y no estaba subido en ningún pedestal. Es cierto, padecemos un virus, pero no viene de África… Estación de Florenc. Línea amarilla. Metropolitano de la capital checa.

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