Continente

“Estamos en un país civilizado…Todavía.” Me llamo la atención la pausa entre ambas puntualizaciones. ¿A qué hacia referencia? ¿Inquietud por la espera, día nuboso, largo traslado, falta de información sobre la puerta de embarque…? Su marido complacía cada requerimiento, tranquilizándola. Su decrepitud no escondía la viveza, su penetrante mirada. Un saber estar dispuesto. Viajan en preferente.

Sobre Valencia, espatarrante sol a nueve mil. ¿Qué sucede en tu mente cuando atraviesas zona de turbulencias? Nada es seguro, pero imaginas de todo. Paso del Estrecho. ¿En qué ocupas esos  instantes? Por que son eso, breves. Por ejemplo, escribir esto. Y reconocer mi debilidad en cierta altura, sincerarse con uno mismo. Aunque te acompañen dos centenares de congéneres, nadie sabe quien es quien. Si ocurriera alguna desgracia, no tendría ni importancia. Una estadística más. Estas líneas, ¿son puro exhibicionismo? ¿Dar la nota? ¿Presunción de inocencia? ¿De qué me culpo? Tribulaciones en tiempo sensible. Descenso.

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Me ceden un vehículo con el que transitar por tierra firme. Algo caliente entre pecho y espalda. Establecimiento carente de glamour pero de simpatía somera, cercano a la playa de San Agustín, tristemente famosa por la llegada de africanos recogidos en camión de basura por miedo a un posible contagio. Un poco de sueño irá bien hasta la medianoche. Tarde esplendorosa, con esas luces que resaltan aún más la limpia orografía de los barrancos canarios, exhibiendo sus relieves este atardecer. Obsérvanse restos del Levante tempestuoso que sopló hace pocas jornadas. No me extraña lo movido del vuelo. Decido dormir unas pocas horas, después de verificar instrumental.

Madrugada. Enfilo hacia valle de Tirajana, enclave peculiar de este sureste isleño. Tres perros se pasean por el asfalto, sosegadamente. Son encantadores; aceptan caricias de cualquiera que baje de un coche. Se disculpa su dueño. En un enlace, agentes de la Benemérita me dan el alto. No me aclaro con el GPS y han visto algo raro. “Olvídese del móvil y siga hasta Fataga. Después, todo arriba…” No veo más de lo que alumbran los faros. Serpentea la vía, caprichosa en trazado, obligando al motor a un cambio constante habida cuenta del brutal desnivel. Menos mal que no circulan en contra. Más allá de unas curvas aparecen pueblitos de ensueño, colgados de la ladera, envueltos entre la piedra volcánica de su edificación y vegetación endémica que la rodea, de calles adaptadas al espacio. Las ultimas tempestades han dejado muy húmedo el ambiente. La Luna, próxima a completarse, sigue mi  desplazamiento. Magnifica noche. Orión, escondida entre los peñascos, asoma con total distinción. Qué diferencia de la última vez. Ésta, más inclinada hacia el oeste. Y más definida. A medida que se asciende, la temperatura hace lo contrario. Por un collado, de un valle a otro, los riscos canarios se enlazan en las alturas, dejando que los itinerarios sean muy retorcidos. Toda precaución es poca en la conducción. Reconozco recorridos vistos en google maps, ahora envueltos en una nubosidad creciente, no jugando los alisios a favor. Todo el Atlántico vierte su influencia en las cumbres de esta redonda y escarpada porción de terreno guanche. ¡Frustre! Con todo el equipo dispuesto y la lluvia horizontal impidiendo que se pueda abrir esa ventana horaria al cielo estrellado. ¿Capricho del destino? ¿Otra vez las meigas? Es inútil. Las brumas lo envuelven todo. Irremediable invasión de manto gaseoso que honra estas cimas. El vacío celeste se resiste. Pronóstico  fallido. Y eso que presagiaba óptimo. Breve paseo por un mirador que oculta lo que vende. ¡A desayunar!

Desciendo hacia el glamoroso bar por una carretera que se ilumina a cada metro, ofreciendo lo abrupto de un paisajismo increíble y, ahora, camiones de tonelaje serio. Al nivel del mar, sin embargo, ambiente benigno. Guiris pasean sin inmutarse, como si el viento no fuera con ellos. Paseo por el litoral, en chanclas, ordenando ideas.

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Conversación informal con Eduardo y sus perros. Joyero de nivel en paro, dice que no le quedan nichos de trabajo para continuar con su vida. “Son los orientales los que me han desplazado. Ellos tienen todo el mercado. La crisis ha hecho cambiar las costumbres del cliente y el pequeño comerciante local no puede competir…”, dice. Acabo en mi playa privada, espacio de interés científico catalogado http://cabildo.grancanaria.com/web/juncalillo/aves-esteparias, como hice hace unos años. Toca curiosear un súper.

Un garbeo por la costa antes del desayuno. De acceso fácil, a pie de hostal. Matrimonio entrado en años toma su baño sin importarles la etiqueta y desprendiéndose de sus ropas. A estas horas, ¿quien les va a importunar? El sol no se deja ver entre los nubarrones. El juego de luces en la arena negra es muy atractivo. El gran azul mece a la pareja. Buscando los petroglifos de Balos (http://toponimograncanaria.blogspot.com.es/2012/04/balos-barranco-de-aguimes-y-santa-lucia.html?m=1) me encamino a Agüimes. Prefiero ir sobre seguro. Policía local exhibe su sabiduría que no logro constatar. Llego al barrio de Corralillos y le consulto a un basurero, primero, y a un ama de casa, después. Los dos me indican direcciones opuestas, que compruebo.

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El simbólico Roque Agüayro preside este pequeño enclave donde se encuentran, dicen, uno de los vestigios más significativos de la historia canaria. Trazos en la piedra de origen líbico-bereber. Finalizo en una quesería siguiendo por una suerte de pista forestal. El experto de turno considera que debo realizar otro recorrido diferente. Creo que las reticencias a cruzar terrenos privados hacen muy sufrible el acceso a un yacimiento, declarado B.I.C. por el Gobierno Autónomo. No voy a insistir. La visión del espectacular paisaje entre valles también es merecedor de atención. Santa Lucia es un pequeño pueblo que se prepara para celebrar sus Fiestas del Labrador. A 680 metros de altitud, recibe al visitante como antesala de los pueblos de las cumbres. Muy luminoso, se extiende a lo largo de la carretera, su principal vía. La iglesia está llena de fieles que preparan la romería del día siguiente, muy vistosa, “a la luz del sol”, dicen los lugareños. Asimismo, ponchos y jerséis de lana muy llamativos como producto estrella de la comarca. O souvenir, según se precie. El día es espléndido, el viento no molesta y Arinaga tiene puerto de mar. Busco solución para un estómago vacío.

Llevan cocinando desde la década de los 60′. En La Farola http://www.citygonow.com/gran-canaria/restaurante-la-farola-arinaga/  acuden turistas ( ¡y qué soy en este contexto y momento! ), pero hace años la vida de este lugar giraba en torno a un pequeño pueblo de pescadores, cuyos barrigas se nutrían en un centro histórico de renombre y sabor. Hoy, un polígono industrial inmenso precede aquel espacio tradicional de gentes ligadas al mar y sus habituales quehaceres. Los tiempos cambian, el urbanismo transforma, pero la cocina local mantiene el estandarte alto. Desconozco la fula; nos van a presentar.

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Decido hacer inmersión en guirilandia.  El hostal se ha abarrotado a la hora del desayuno, coincidiendo con festividad político-nacional. Sajones, samis y vikingos pueblan  ( y degustan ) el buffet con toda su prole. Algunos cabezas de familia no superan los treinta; y dos vástagos por término medio. Ellas tienen un aspecto aniñado. Recuerdo a Jorma.

Faro de Maspalomas. Enjuto, otea el horizonte africano desde 1898, ubicado dentro de un urbanismo artificioso destinado a colmar las apetencias de turista noreuropeo. Un inmenso guetto comercial que satisface a un usuario de cierta edad, público gay y familias con cierto poder adquisitivo. Todos alojados en bloques de apartamentos, amalgamados y edificados junto al espacio dunar más meridional de Europa, hoy salpicado por una ingente trasiego de gentes que van y vienen. Aquella garza, que espera paciente su bocado al borde de la Charca, vive ajena a toda esta masificación oriunda que invade su entorno desde hace años.

Puerto Rico, otro ejemplo paradigmático al servicio del ocio. Si este es nuestro destino, la determinación social es un hecho consumado y el turismo el ámbito de referencia. Los países del norte tienen su arcadia feliz en estos…¿municipios? Nosotros, Benidorm. Los arquitectos, en este caso, no se han estrujado mucho los sesos. Una extensa colmena puebla el barranco. Literalmente, unas cuantas miles de cajas, o apartamentos, alojan a otros tantos turistas hambrientos de sol y playa. Diseño en tiralíneas para una clase social en el final de sus días. Hay que reconocer la inteligencia del guanche para aprovechar el terreno. Unos pocos autóctonos viven de ello. Necesito autenticidad. Rumbo a Mogan.

Camino a lo mas alto de la isla, esta población mantiene su carisma. Molino de Viento, vecindario previo, ha restaurado el mismo para disfrute del habitante local y el visitante ocasional.

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Originario de 1700, es un valladar junto a la carretera. Ofrecen tapa en Casa Enrique, donde multitud de moteros y ciclistas hacen un alto en sus hitos deportivos. El mojo verde, exquisitez de la región, es preparado a base de cilantro y ajo. Hay fama.

Otra jornada en que la afición mueve ( a las ) montañas, pues era objetivo de este periplo ver las estrellas. Buscando la suerte, erre que erre, culmino idéntico itinerario esperando si los cielos me bendicen. Con más tranquilidad ya conocido el kilometraje. Siguen los conejos atravesando el asfalto, buscando su manutención en horario nocturno. Sin  sobresaltos, lugar idóneo entre La Plata y Tejeda. La Luna, rodeada de tupida bruma, no dejará trabajar a gusto. Al menos, siluetearemos los roques. Luces y sombras vaporosas. Hay que apostarse al borde de la GC-60, ya de por si estrecha. Tráfico inexistente, lo que hace ganar sosiego y buen ángulo. Un mordaz frío se va colando entre la ropa. Pronto amanecerá. Entre las curvas sinuosas del recorrido y las primeras tomas, percíbese el alba y nubosidades muy extendidas que no dejaran ver la deseada inmensidad  ( https://www.youtube.com/watch?v=XspAvo6iLps ). Seamos prácticos. No se puede pedir más. Vendedores ambulantes instalan ya sus puestos de venta. En el mirador, el frío arrecia su intensidad.

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Cuatro componentes aparecen en otro vehículo para disfrutar las vistas. No tardan en desaparecer, empujados por las bajas temperaturas. Diversas capas espesas permiten alternar espacios con visiones lejanas y claras. El Teide, a lo lejos, sobresale majestuoso, cubierto ya por la nieve. El efecto del mar de nubes invadiendo las alturas es digno de una película de Spielberg. Sobrecoge ver su movimiento; parece un órgano vivo, con personalidad, imponiendo su ley.

Té caliente y dulces de la tierra, por favor, después de un tiempo desapacible. Hay que reconocer lo sublime del paisaje, pese a las condiciones. Acogedor establecimiento en Cruz de Tejeda. Colmado el trabajo, mis pasos se dirigen hacia otros climas. Stop para recapitular, pues esperan amistades. Despunta el día. Antes, la Luna llena ha desaparecido tras la lejanía con mágico efecto.

Cita en Presa de las Niñas. Al ser festivo, la concentración humana es más que aceptable. Picnic al aire libre, centralizado en un terreno ondulado, final de un torrente que, según dicen, este año va sobrado. Muy bien organizado pero con un toque libertario. Se emplazan tiendas de campaña por aquí, caravanas por allá y parking libre. Ni un duro, pero regulado por la Consejería de Medio Ambiente. Correctos servicios. Dos profesionales a sueldo organizan a los transeúntes y domingueros. Sensación de placidez. Deambulo por el entorno haciendo tiempo. Comentan que cuando el agua corre por los riachuelos que desembocan en la presa hay una fiesta en el lugar. El canario transmite confiabilidad y euforia cuando el agua sacia su entorno natural. Mucho espacio sin agobio. Aparece Jaime, cocinero de excepción, dando la bienvenida. Es costumbre para el habitante insular celebrar lo campestre, en comunión ancestral con las antiguas costumbres. Una barbacoa es una reunión, familiar o amistosa, un nexo entre todos y la naturaleza.

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Una liturgia. Y si el invitado es un extraño, no importa. El asado, el mojo picón, soluciona distancias y diferencias. ¡Quién me iba a decir que encontraría una llave en la lejana Capadocia, trayéndome a estas risueñas tierras, donde la sonrisa y la broma es algo permanente…!

Nos hemos despedido…, con música…¡Guantanamera!  https://www.youtube.com/watch?v=9Md5Z4I0DG4

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