Estival

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Bochorno.

Paseo tranquilo por el  barrio viejo, ahora que lo gastronómico es vital y ha tomado notoriedad internacional. Javier, mi anfitrión, dice que esto es flor de un día, que no hay para tanto. Gerona acoge mucho curioso que no se hospeda en la ciudad, que la recorre hasta reventar, pero no deja tanto dividendo como se desearía. Suerte del aeropuerto y los incipientes grupos de orientales que asoman tímidamente. Le observo lo equilibrada que siempre he sentido esta urbe, su hacer pausado, pese a sus exquisiteces culinarias, aspiraciones deportivas y pasado judío-romano. Salvo en acontecimientos notables (por ejemplo http://www.gironatempsdeflors.net/cat/inici.php ), esta capital es, comenta, exageradamente sosegada. “Sube un octubre…”, señala. Hay un runrun por las calles que acuna al transeúnte. La noche cae discretamente. Los trinos de golondrinas y vencejos más los grajeos de alguna gaviota despistada acaparan el cielo y la oscuridad sorprende a desprevenidos ciudadanos que no atienden al cambio de la luz y sus tonos. El ambiente medieval se extiende a cualquier esquina o callejuela. Unos murmullos no sustraen, a lo lejos, la magia de un urbanismo que provoca admiración entre largas escalinatas y acogedoras placetas. El histórico pasado es un valor que vende y la sobriedad que aportan sus paredes y muros ahoga conversaciones y risas autóctonas, ahora iluminadas tenuemente por unas farolas que, a buen seguro, ya tienen sus años. El silencio se respira.

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Amanece. Toca rodar con esta frescura. Desde uno de los balcones orientado al río se oye el reír de las gaviotas. Desayuno de conversación ilustrada. Olga, de unos sesenta y pocos, es voluntaria en una ONG para chimpancés (http://www.fundacionmona.org/es/) y nos explica sus novedades. Se siente muy implicada y lleva su empatía al máximo. Pedaleamos hasta el punto de inicio, antiguo final de línea de un trayecto que levantó económicamente una comarca más al norte (véase también https://elqueviajalejos.wordpress.com/2014/11/04/por-la-via/) Hoy es un ocioso recorrido, no exento de historicismos varios. La iglesia parroquial de Salt, uno de los municipios con más diversidad ciudadana de este país, es un ejemplo en su arquitectura más prosaicamente religiosa. En esta luminosa mañana, el itinerario transcurre por uno de los márgenes del río Ter, arteria fluvial importantísima en esta comarca. Aguas que riegan amplios espacios cultivables que hoy verdean con escándalo. Pronto las gramíneas estarán a punto. Valle rodeado de onduladas montañas, su tapiz verde embriaga la vista. Suben las temperaturas cuando hacemos un alto en Bonmati, villa de pasado medieval y honrosos sacrificios. Las guerras carlistas hicieron estragos. En el interior de la población nos relajamos con un gato que ronronea cerca de nuestros vehículos, junto a un rehabilitado edificio del siglo XVIII que posee un muy conservado reloj de sol.

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Continuando periplo, con disimulo, emerge fantasmagórico un edificio de solera y alcurnia: una gran masía, palacete, diría, con capilla adosada a la planta principal. El aspecto desolado, ruinoso, es su característica más visual. Dos lugareños comentan que perteneció a un tal conde Berenguer, uno de sus descendientes residente hoy en el castizo paseo de la Castellana… Preocupa que alguien pueda hacerse daño al pasear por el entorno, muy accesible, por otra parte. Recientemente se ofreció a la venta, y era un regalo.

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Amplíase el valle por el que circulamos; el sol va dejando su impronta. La carretera sigue paralela a nuestros pedales. Es un trazado llano, sin dificultad, pero que no da respiro en su ascendencia. Granjas ganaderas son una constante.

Otro alto en lo que fue una antigua estación de ferrocarril. Observamos lo desvencijada de su estructura y paredes… A 134 m.s.n.m., reza en su destartalado punto geodésico. A su lado, cartel de monologuista que anuncia su espectáculo.  Una gasolinera para reponer líquidos. La entrada en la población de Anglés esta presidida por una bandera independentista. Todo un síntoma, aunque se pueden ver residentes de varias nacionalidades. Una señora, en busca de zanahorias de su huerto, nos indica la continuación de la vía, en este punto poco señalada… Le acompaña una adolescente magrebí. La conversación entre ellas tiene tintes de ser en el vernáculo lenguaje del imperio…

Llegamos a La Cellera del Ter bajo un sol que justifica la llegada de la próxima estación. Merodeando por su centro urbano, dejamos atrás su rincón más emblemático, un centro religioso documentado ya en el 833 d.C. Lugar de paso de las andanzas del bandolerismo mas personalista del renombrado Serrallonga, optamos por buscar el gótico civil en la localidad de Anglés, enclave de notoria importancia en este estilo.

Con parsimonia, poco a poco, recorremos sus calles empedradas, laberínticas, con soportales y arcos de medio punto que relatan un noble pasado. Con espacios privados en cuyas puertas y fachadas aún se conservan blasones en piedra del estatus de quienes las habitaron. Todavía resuenan esos señoriales carruajes que recorrieron su trazado urbano…

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Iniciamos retorno al cenit de la jornada. A pocas horas, el solsticio veraniego dará por comenzado un periodo canicular que, por la incidencia solar de este mediodía, será  notable. Por suerte, el descenso no reviste dificultad; muy pautado y nada cansino, llevando un ritmo más dinámico y disfrutando de la espesura vegetal y los extensos llanos. Llegamos a la bifurcación de La Pilastra, zona de práctica en deportes de aguas bravas. El río Ter se remansa en un tramo para canalizarse por otro más agreste, un canal que permite que el medio acuático acelere su ímpetu y caudal gracias a unos desniveles marcados porcentualmente, abonando así un territorio en el que aficionados y expertos desarrollan sus habilidades más innatas de navegación de rivera. Incluso la pesca de lanzado es una actividad adicional si la corriente lo permite.

Nuestros estómagos ya reclaman sus derechos. La plaza del Barrio Viejo de Salt nos acoge con una tranquilidad inusual (http://www.saltlavila.cat/raco.htm)

Bochorno.

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7 comentarios en “Estival”

  1. Me ha encantado este post. Primero porque está escrito de forma que uno va siguiendo y viviéndolo casi como si estuviese en el grupo de viajeros. Y segundo, ay, me encantaría irme por ahí, en Gerona, en bici, visitar pueblecitos, estoy lejos de mi tierra asi que… Abrazos!

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