Aylan

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Quizás alguno/a piense que pasaría de puntillas en este caso. Pero la imagen de un cuerpo inerte junto a la orilla de un mar agitado clama al cielo. Ha sido muy perverso, sin embargo, a tenor de la maternización que sufre la sociedad occidental, temerosa de verse invadida por extraños que suben al mismo tren del progreso. ¿O no se lo merecen?
No nos engañemos. Europa, que se ha apretado el cinturón durante una época, ha esquilmado lo que ha podido gracias a políticas nefastas en perjuicio de la ciudadanía que le votó, pero que no tuvo en cuenta. Ahora que se ve sobrada y saca pecho_ gracias a todos aquellos que vinieron antes de la crisis económica y que con la instalación de ella se marcharon, puesto que no pudieron aguantar la presión_, necesita de sumisos que se conviertan en mano de obra barata. Esa es la verdad. Unos sustituirán a otros. Un continente clasista y burgués, avejentado, gentrificado, lleno de perjuicios y diferencias irreconciliables, donde cada uno sólo le preocupa un buen desayuno grasiento y el cobro de su pensión, paradigma instalado en el subconsciente (el premio del maquinismo “homo faber”), le es necesario mantener el status a costa de los que sean. Y si hay dispuestos a llegar, ocupando el sitio de los que volvieron, mejor. Las imágenes que nos muestran los diferentes medios atizan el látigo del miedo, el caos, y, sutilmente, engrandecen el discurso del deseo de aquellos por llegar a su arcadia ideal e instalarse en el mejor de los mundos posibles, que es lo que se vende a unos, los que porfían, y a otros, cómodamente ya instalados. Por ello se les debe controlar por… y no gestionar para…
Europa es culpable de la creación de aquellos estados artificiales cuyos ciudadanos se les declaró de segunda en las postrimerías de la 1ª Guerra, por no pensar en el periodo colonialista que comenzó en el Renacimiento (¿de quién?). Pero los contextos han cambiado y los gerifaltes de turno siguen las mismas pautas de sus antecesores en el cargo, paternalistas, protectores, que no saben que hacer con todo un grupo de personas que se la juega a cada paso, cargados de pocos enseres, mucho espíritu e idiomas y credos diversos. Eso es lo que no podemos soportar, realmente.

Las migraciones son un hecho fenómeno_lógico. A lo largo de la historia, hemos visto como imperios han caído bajo el empuje de hordas que, simplemente, querían mejorar, dejando aparte excusas e ideologías, sus vidas. Las fronteras eran geográficas, extensas, casi inabarcables. Pero desde que algunos trazaron tiralíneas por la cartografía, aquellas se han convertido en barreras infranqueables, a no ser que cumplas unas normas que restan humanidad a la misma humanidad.

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