Iteru, o el que nutre.

 

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Recuerdo “E la nave va…” de Federico Fellini (1983), aunque el contexto es otro. Aquí el satirismo del film italiano se convierte en una metáfora fluvial de la propia vida. Fue inapreciable, pues apenas iniciamos el desliz sobre estas aguas dejando atrás Luxor (الأقصر  Al Uqsur en árabe), noté el efecto mecedora, ese sosiego que te lleva, esa paz que te invade cuando tu cuerpo no realiza esfuerzo pero el desplazamiento es constatable. Flotas en unos instantes lo suficientemente largos, y el paisaje va haciendo el resto, invadiendo tus sentidos. Avanzamos, es un decir, por un manto de aventura (hasta hace escasos años no se recorrió en su totalidad, ¡en kayak!), de sueños, donde la historia te envuelve desde la primera milla…, a contracorriente, no olvidemos. Dijo aquél griego que “… es un don…”, pero con él a la vista, uno se cuestiona cómo los humanos nos sedentarizamos gracias a sus beneficios… Hay diversas teorías sobre la Neolitización, pero no vamos a extendernos en cuestiones de antropología básica. Lo que esta claro es que sin el generoso Nilo ( النيل  en árabe o Hapy, dios de las aguas para los antiguos), Egipto no hubiera existido como universo, no hubiera habido una facilidad de transmisión para con y desde aquella entidad, no hubiera surgido innovación en el arte de navegar y multitud de características añadidas a esa eclosión civilizadora, a ese desarrollismo redistributivo de formas y estructuras que lo hicieron grande.

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El sol africano apabulla en cubierta; su incidencia no es acuática precisamente. Aletargados, con esa languidez que sólo contagia el trópico, nos miramos unos a otros, sin decir nada. Ensimismados, exploramos más allá del horizonte, aquél espacio árido, yermo, deshabitado, que llamamos desierto (y cuyo origen procede del egipcio clásico dshr.t, desheret…, la “tierra roja”, infecunda) que contrasta con la frescura de sus orillas, ese embriagador color verde de la vegetación ribereña regada por aguas fértiles y espirituales, salpicadas por circunstanciales aglomeraciones urbanas, sencillas, de apariencia tranquila. Un dato: cauce de profundidad variable, dice el alejandrino Reda que oscila entre los 180 metros y los 50 centímetros; imperturbables a nuestro paso, observamos como algunos pescadores se mojan hasta la cintura en sus labores cotidianas. Río (itrw) hacedor, sacralizado desde sus más primigenios orígenes en el periodo del Mioceno, fue siempre inagotable fuente de recursos y principal vía de transportes, personas… o piedras, marcando con el ritmo de sus crecidas…

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Con más de 6.600 kilómetros de longitud, el Nilo es el mayor río del continente africano. Sin embargo, los antiguos egipcios se asentaron únicamente en los últimos 1.300 kilómetros de recorrido, aquellos en los que era posible una potabilidad manifiesta. Increíblemente, las primeras polémicas históricas sobre el mayor proveedor hídrico africano no fueron sobre el reparto de sus aguas, sino sobre el lugar exacto de su nacimiento o sobre quién fue el primer explorador que avistó su corriente. Tampoco vamos a añadir nada que no se sepa ya y la literatura de calibre, extensa, por cierto, halla dicho en su momento. Un histórico litigio por el uso de esa fuente hidráulica sostienen Egipto, destino final de su corriente que satisface cerca del 95% de las necesidades acuíferas del país, aún más requeridas por sus escasas lluvias, y Etiopía, que solo emplea el uno o el dos por ciento. Es un devenir humano en sí mismo, resultando imposible desvincular las historias paralelas vividas al dispute de su masa acuática. Todo ello sin olvidar al Sudán, tercer estado en discordia. El Nilo, protagonista indiscutible y ejemplo de exotismo para artistas, poetas, transeúntes, turistas (¿qué somos a lomos de esta máquina?), deviene conflicto entre gobernantes y países que se disputan caudal desde hace siglos, aunque sus diferencias navegan ahora sobre las del futuro mayor embalse africano.

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La tarde cae con parsimonia, ya cercanos a Edfú. Unos intrépidos marineros, remando hasta alcanzar la borda, nos visitan ofreciendo productos de calidad. Con total impunidad, su asalto ejemplariza el coraje, el tesón y la propiedad de éstas, sus aguas, de las que son dueños hace siglos… De cualquier manera, han sido primordiales para que cierta inspiración, como la de otros muchos escribas, me hayan llevado a escribir estas notas…

 

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